No sé a qué se refiere, jefe, nos vemos casi todos los días. Yo ya lo perdoné, no se preocupe.
¿No me reconoce?
Creame que lo entiendo. Yo también preferiría no reconocerme luego de todo lo que ocurrió. No entiendo en qué momento usted accedió a participar en mi plan, ni mucho menos por qué permití que lo hiciera. Puro egoismo, supongo.
Usted tiene nuevos amigos, jefe. Yo tengo mi soledad llena de ecos. Sin muebles, sin gente, cualquier sala se convierte en cueva. Todo retumba.
¿Sabe, jefe? A veces yo creo que, como Nacho, yo soy otro invento suyo que se le ha salido de las manos. Para mí no tiene que inventar porque a mí también me creó. Fíjese: hablo como Sancho Panza y me parezco a ese personaje insulso, Biscuter, que salía en las novelas de Vázquez Montalbán. No actuo, soy una simple respuesta a sus textos. No sé cómo soy. ¿Soy fea, jefe? ¿Cómo se imagina mi voz? ¿Fui puta y dormí en la calle? ¿Cómo fue mi infancia, Mateo? ¿Cómo? ¿Quiénes son mis padres?
Daría lo que sea por escapar de esta cueva.
Milagros, eres guapa.
Ya irás sabiendo más...