Qué raro es Mateo. Lo conocí el primer día en la oficina. Me ignoró por completo. Parecía como si le disgustara que alguien como yo trabajara para alguien como él. Cuando concedió hablarme, no me miraba. Era la extremidad del ordenador que se encargaba de dar órdenes. Tardó mucho tiempo en dar la cara. Casi un año.
«Peor que un novio, como mi Lucho.»
«...»
«¿Será coincidencia, jefe? ¿Nacho y Lucho?»
«...»
«Nunca fuimos a cenar los cuatro, ¿no?»
«No, no. Nunca. A Nacho no le gustaba...»
«...»
«...»
«...»
«Había algo con Nacho. Algo que nunca pude entender...»
«A mí me gustaba escucharlo...»
«Me escribió una carta, ¿te conté? "La última carta". La encontré hace un par de días entre un libro que me había regalado. La había escrito hacía un mes.»
«...»
«"Mateo," dice la carta, "Antes de irme, quiero que todo quede claro entre los dos..."»
«...»
«Seguro que la escribió borracho. Él siempre escribía cosas así cuando tomaba de más.»
«Lucho nunca me escribió nada, él sólo me dejó.»
«Una vez me llamó al mediodía a la oficina. "Mateito," me dijo. Estaba ebrio. Él sabía que yo detestaba que me dijera así, "Mateito-ito-ito... ¿Cómo te gustaría que me despidiera cuando... cuando me vaya para siempre?"»
«¿Y usted que le respondió?»
«Nada.»
«¿Nada?»
«Nada, ¿qué querías que le dijera?. Colgué el teléfono.»
«¿Y... y qué pasó?»
«Desapareció por dos semanas.»
«...»
«Luego llegó con ese libro. Con el libro de la carta. Me esperaba sentado en la calle. "No hard feelings, I hope.", dijo al tiempo que me lo entregaba. "You wish," le respondí, y nos reimos juntos.»
Qué raro es Mateo.
No recordaba haberte contado tantas cosas, Milagros. (Tampoco recordaba haberte tratado tan mal durante un año. Perdóname, perdona). Aquella llamada, el libro, la carta... pensaba que me pertenecían en exclusiva y al leerte descubro que lo sabes, que te acuerdas. Ojalá accedieras a verme un día y pudiéramos hablar de eso, porque yo también me acuerdo y me está volviendo loco tanto silencio, no poder hablar con nadie que hubiera conocido a Nacho, acabar contando mi historia y construyendo a Nacho para otros al tiempo que me construyo para otros yo.
Me estoy explicando fatal, Milagros, perdona de nuevo. Pero quiero explicarme, quiero que esta vez me entiendas bien. Yo también estoy muy solo. Me dejaron tan solo que hoy todos son amigos nuevos, y a todos les fui contando lo que me pasó con Nacho, y de tanto contarlo me acabé inventando a Nacho, a otro Nacho (tal vez tuviera razón Lucho cuando me dijo que Nacho estaba muerto porque nunca existió, que lo inventé para justificar que nunca lo tuve). Pero contigo no, Milagros. Tú también lo conociste, y para ti no tengo que inventar, Milagros.
Por favor. Dime que me querrás ver algún día, pronto. Por favor, Milagros. Prometo no parar de pedirte perdón.
(La coincidencia de las ches; Nacho y Lucho. Te vas a reir de mí, o a enfadarte más conmigo, pero esta fiebre actual de las señoras por esos horribles bolsos de Carolina Herrera 'made in Spain' no deja de recordarme esa conversación nuestra. Salir a la calle y encontrar señoras con los bolsos llenos de CH te trae a mi cabeza... sigo siendo muy raro, ya lo ves. ¿Y tú? ¿Sigues siendo tan rara como para querer verme otra vez?)