«¿Cómo sigue la canción?», me pregunta Mateo, y yo lo miro y aun veo a Nacho desvaneciéndose en sus ojos, como un ahogadito que se hunde.

«¿Vamos a tomarnos un café?»

«Sí, dale»

Hay varias cosas que quisiera decirle a Mateo. Si fuera otra, Luz, por ejemplo, seguro se las diría. Mateo se merece una amiga mejor que yo. «¿Se acuerda de Lucho?», le pregunto. Es una pregunta retórica, es una manera de empezar una conversación que yo quisiera que llegara a... a algún lado, pero se que no va a salir de mi encuentro con Lucho hace dos noches. Lucho me dijo que iba a ser padre y yo intenté alegrarme por él pero no pude, creo que él se dió cuenta porque de inmediato me preguntó si estaba bien y yo le respondí como una idiota que claro, que cómo iba a estar mal si la vida me sonreía, si la plenitud de mis treinta años me había producido la mejor racha de sexo de toda mi historia. Si no quieres contarme que te pasa, al menos no me mientas, me dijo Lucho y luego se fue, siguió caminando, fue como si esa conversación hubiera transcurrido dentro de un pause, como este pensamiento, y el tiempo no hubiera importado dentro de ella. La conversación con Lucho se había convertido en un dolor punzante, preciso, una lanza en un punto infinitesimal de mi memoria.

«Claro que me acuerdo. ¿Lo has vuelto a ver?»

«Sí.»

«Dos cafés, por favor.»

«No, no. Un te para mí.»

«¿Un te?»

«Sí.»

«¿Desde cuándo tomas te?»

«Estoy dejando el café.»

«¿Otra vez?»

«Sí. Otra vez. Tantas veces como sean necesarias.»

«Eh.. Entonces, un café americano y un te.»

«Lo volví a ver. No fuí capaz de decirle que lo extraño.»

«...»

«Estoy sola, Mateo. Muy sola.»

«...»

«¿De verdad no sabe cómo sigue la canción?»

«No. ¿Cómo va?»

But you've gotta make your own kind of music
Sing your own special song
Make your own kind of music
Even if nobody else sings along

«Jo.»

«Así sigue.»