Una vez, cuando tenía diez años, fui abducida y violada por los Hermanos Mayores. Quedé embarazada, aborté. Ese bebé, de haber nacido, se llamaría como tú.
Tú también tienes nombre de muerto.
(There is not coincidence, Bob, only the illusion of coincidence. I have another rose. It's for you.)
Antes de regresar a la tierra, los Hermanos Mayores me contaron cómo sería mi vida, qué pasos recorrería, con quiénes me encontraría, de quién me enamoraría y cómo me hundiría irremediablemente en mis depresiones hasta ahogarme. Sé el momento exacto de mi muerte. Viviré cuarenta años. Me quedan diez.
También me hablaron de ti, Bobby Boy. Me dijeron «Mátalo, no lo dejes ser, no permitas que te engañe.»
Los Hermanos Mayores me persiguen y me observan. Los Hermanos Mayores me han visitado varias veces desde entonces. En ocasiones, me muestran fotos tuyas, Bobby. Me hablan de tus viajes, de tus manías, de tus enfermedades, de tus inseguridades, de las tretas que usarás para distraerme. Me advirtieron, claro, que culparías a Mateo del insoportable ruido del mundo y luego escaparías dentro de alguna de tus fantasías recurrentes en las que estás al borde de la fama pero la desprecias. Infructuosamente intentarías dejar el laberinto.
El problema, Bobby Boy, es que el laberinto te persigue, se extiende y ramifica a tus espaldas, te envuelve. Nacho está muerto porque nunca existió, lo inventaste para justificar que nunca lo tuviste. Mateo Lara es una versión decantada de lo que ya no quieres ser. El salto de Nacho es tu salto y la caida es justo lo que estás viviendo en este momento.
(A kinetic energy rush. How does it feel? Don't you love it?
Are you ready for the impact?)
!--«Can>
bob soy yo sin cicatrices